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jueves, 19 de marzo de 2015

#LARONDA 31: ELABORADORES NÓMADAS, ¿SÍ O NO?

Llega la hora de la Ronda de este mes, que en este caso organiza Adrián, desde su blog Cerveza Rudimentaria. El tema a tratar este mes es el de los elaboradores nómadas, o dicho de otra forma, esos elaboradores que alquilan o aprovechan instalaciones ajenas para elaborar sus cervezas.
Un tema que a priori parece sencillo, pero que ya veréis cómo no es tan fácil opinar, ni posicionarse sobre él, ya que como todo en este mundo, los matices y posibilidades son infinitas...
Antes que nada, deciros que estoy totalmente a favor de los elaboradores nómadas. Es más, soy uno de ellos. Sí, llevo unos meses elaborando cerveza en instalaciones ajenas y poniendo a la venta en el mercado nuestra receta, y nuestra cerveza. Y digo nuestra porque, a pesar de estar elaborada en una fábrica que no es nuestra (por diferentes razones, ahora mismo no tenemos oportunidad de tener fábrica propia, ni ganas tampoco, que quede claro...), siempre estamos ahí. Nos manchamos las manos igual que el cervecero, y estamos las mismas horas que él, controlando el proceso y siguiendo paso a paso la elaboración.
Dicho esto, también entiendo que algunos tengan reticencias a la hora de beber y comprar cervezas elaboradas en fábrica ajena. Como muchas otras veces, en un mercado emergente, hay mucha gente que quiere aprovechar el tirón y saca sus propias cervezas de manera más o menos profesional. Habrá mejores y peores cervezas y con mejor y peor fondo empresarial, pero no podemos meter a todas ellas en el mismo saco. Sería, y es, una injusticia hacerlo.
De todas formas, que una cerveza nómada sea una mala o buena cerveza, no solo depende de la receta y de quién esté detrás del proyecto, sino, muchas veces, también de la fábrica donde se elabora. Hay cervezas nómadas que son mejores que las cervezas propias de la fábrica donde se elaboran, pero también las hay peores, luego podemos decir que no por ser una cerveza sin fábrica va a ser una cerveza mejor o peor que las que sí la tienen. Por lo tanto, desechar una cerveza por esta razón, también sería injusto, según mi parecer.
El crear una marca o una línea de cervezas, puede tener diferentes objetivos comerciales. Hay gente que empezará siendo nómada con el objetivo de tener una fábrica propia en el futuro. Otros lo harán por tener un producto, o línea de ellos, que los diferencien de la competencia. Otros, simplemente no estarán interesados en tener una fábrica, por el simple hecho de no querer soportar todos los problemas y quebraderos de cabeza que ello conlleva. Todas estas formas, yo creo que son igualmente válidas, siempre que las cosas se hagan honestamente y respetando el producto.
El no querer comprar una marca de cerveza por no tener fábrica, también es totalmente válido, pero yo creo que infundado y sin mucho sentido. Alguien que no compre cervezas sin fábrica, nunca habrá probado las elaboraciones de gente como La Quince. Peor para él. Tampoco habrá comprado hasta ahora las buenas cervezas que elabora Sesma Brewing. Quizás siga sin hacerlo porque no se haya enterado de que Sesma Brewing empezó elaborando en fábrica ajena, pero ya hace un tiempo que tiene la suya propia. Como tantos otros. ¿Esta gente que no compra cerveza de elaboradores sin fábrica propia, es capaz de seguir día a día la vorágine de este mundillo, y estar siempre al tanto de las fábricas que se abren cada día, y de las cervezas que pasan de no tener instalaciones, a tenerlas? No lo creo.
Pero entonces... ¿Es tan bonito ser nómada? ¿Tener fábrica propia no tiene ventajas? ¿Cuáles son las ventajas para unos y otros?
Ser nómada no es tan bonito como parece. Tiene ventajas, sí, pero también muchos inconvenientes. El cuándo elaborar siempre será una negociación. Siempre estará a expensas de que el cervecero tenga un hueco para él. Muchas veces, el proceso productivo no se controla al cien por cien, entre otras cosas, porque la maquinaria la controla y conoce el cervecero de la fábrica. Es suya, y como tal, él es el que mejor conoce los rendimientos y posibilidades de su fábrica. ¿Siempre? yo diría que sí, aunque puede haber algún caso en el que no, según la experiencia de unos y otros.
Otro hándicap muy importante será el del precio de coste de elaboración. Al fin y al cabo, elaborar en fábrica ajena es un escalón más en el proceso productivo, por lo que, ya de salida, se tiene una desventaja con respecto al que tiene fábrica. ¿Siempre? No. El nómada podrá acortar esa diferencia en los diferentes escalones de la distribución. El cervecero con fábrica, raramente tendrá mucho tiempo para dedicar a la distribución de su cerveza, por lo que, en muchos casos, buscará alguien que se lo haga. Cosa que el cervecero nómada en muchos casos sí que podrá hacer personalmente para reducir esa brecha entre el precio de sus cervezas, y otras que ya existan en el mercado. El canal de distribución en nuestro país será muy importante a la hora de marcar el precio final del producto, por lo que, en muchos casos nos encontramos que cervezas sin fábrica tienen menor precio que otras que sí la tienen. De todas formas, creo que conforme el mercado vaya madurando, esta situación dejará de darse, porque la diferenciación entre unos y otros, tiene que acabar siendo el precio. Mientras tanto, los cerveceros nómadas seguirán existiendo y creciendo cada día, porque hoy por hoy, es una buena oportunidad para conocer las posibilidades de una cerveza en el mercado, antes de lanzarse a la aventura de la industria cervecera. Siempre habrá cerveceras nómadas que puedan cobrar un plus por la calidad de sus cervezas, pero esto hay que ganárselo día a día, y elaborando cervezas de una calidad extrema, que puedan competir en un mercado cada vez más saturado.

lunes, 23 de febrero de 2015

#LARONDA 30: FERIAS Y FESTIVALES CERVECEROS

Hacía tiempo que unas cuantas ideas rondaban por mi cabeza sobre este tema, un tema que, por otra parte, ha sido tocado en más de una ocasión por bloggeros y gente del mundillo cervecero. Tengo una opinión sobre las ferias y los festivales, pero quería saber qué pensaban el resto sobre ellas, y es por esto que me decidí a convocar esta Ronda, en torno a este tema.
Lo primero, podríamos entrar a discutir sobre las diferencias entre una feria y un festival. Por ahorrarme problemas, en principio no diferenciaré entre ellos, ya que me parece que las ideas que tengo son perfectamente válidas para los dos. Dicho esto, pasemos a analizar el panorama festivalero del que disfrutamos en nuestro país. 
En los últimos años, con el boom de la cerveza artesanal, han surgido infinidad de ferias, festivales, y eventos varios en torno a esta bebida. A primera vista, pueden parecer una herramienta más de difusión de la cultura cervecera (que lo son), pero si ahondamos un poco más, veremos que como negocio, no son tan lucrativos como pudieran parecer. En estos últimos tiempos, lejos de aquellas ferias selectas que existían hace años, nos encontramos con que cualquiera organiza una feria en su pueblo, en su barrio, o incluso, en su bar o centro comercial. No hay un fin de semana en todo el año en el que no se celebre alguna feria. Pero... ¿Es beneficioso esto para el sector, o todo lo contrario? 
Si cada día hay más micros en el país, en principio, debería de haber productores para llenar todas las ferias, ¿o no? 
Vayamos por partes. En primer lugar, y después de hablar con varios productores, todos coinciden en afirmar que las ferias no son rentables, o por lo menos, no la gran mayoría de ellas. El asistir a una feria, conlleva un gran número de gastos, que muchas veces, no se sufragan con las ventas que se realizan a lo largo del evento. Muchas veces, ni tan siquiera consiguen recuperar parte de la inversión. Esto da qué pensar. Como productor, no debe ser nada fácil escoger bien las ferias a las que asistir, ya que lejos de ganar dinero, parece que lo que hay que buscar es la difusión de la marca. También están los compromisos y colegueos entre cerveceros, pero eso ya es otra historia.
Volviendo a la rentabilidad de las ferias, pensemos por un momento cómo debería ser la feria ideal. Una feria ideal en la que el productor ganase dinero sería una feria con una asistencia masiva de público, que gaste mucho en la feria, pero que, además compre para llevarse a casa. Una feria bien organizada en la que los cerveceros tengan facilidades para vender el género. Con buen tiempo, todo funciona mejor, y si además está cerca del centro de una ciudad grande, y con buenas conexiones, mejor que mejor. Pensándolo fríamente, creo que no recuerdo ninguna feria con estas características en este país.
Entonces, ¿qué es lo que tiene que buscar un productor cuando asiste a una feria? La teoría dice que las ferias son para mostrar el producto, para darse a conocer entre la gente de a pie, y para sembrar semillas de las que poder recoger sus frutos en el futuro. Pero la realidad es bien distinta, y creo que aquí viene uno de los problemas de las ferias cerveceras. Las ferias son utilizadas en muchos casos por los productores para intentar ganar dinero. Sí, ya sé que he dicho que muchas de ellas no son rentables, pero es una forma de sacar género a buen precio (los precios en las ferias son lo suficientemente altos como para que salga bastante más rentable vender un barril a cañas que venderlo en distribución). Si se supone que las ferias deberían ser para mostrar el producto y darlo a conocer, ¿Por qué una buena cantidad de productores intentan sacar tajada de ellas? Según mi punto de vista, por la saturación que empieza a haber en este sector. Ahora mismo hay más oferta que demanda en muchos lugares, y esta falta de demanda hace que algunos se tengan que buscar la vida de la mejor manera posible, incluso intentando el imposible de ganar dinero donde casi seguro se pierde. Más de uno y más de dos, no ven cumplidas sus expectativas de ventas, y tienen que sacar el género en ferias, trabajando el doble y ganando lo justo. Hay otros que sí que utilizan las ferias con el fin de dar a conocer su producto, pero me atrevería a decir que son los menos, ya que, el ir a una feria supone trabajar más horas de las que ya trabajan, y además con una escasa rentabilidad.
Como acabo de apuntar, creo que uno de los problemas radica en la sobreoferta que vivimos hoy en día. ¿Es necesario organizar una feria en un pueblo de 2000 habitantes? Y volviendo al supuesto de que una feria sirve para mostrar el producto a un sector amplio de la población, ¿Alguien cree que puede salir rentable mostrar el producto a una población tan pequeña? ¿Cuánta gente de ese pueblo demandará luego los productos que se muestren allí?
El año pasado, 2014, fue el año del boom de las ferias, pero como todo en este sector, creo que poco a poco la cantidad de ferias se irá amoldando a las necesidades del mercado, y la forma de estas también. Hay que cambiar el concepto de feria, y eso se hará con el tiempo. Yo creo que las ferias tal y como las conocemos hoy en día están abocadas al fracaso. Poco a poco, creo que las ferias deberían focalizarse en núcleos urbanos grandes, en los que realmente merezca la pena viajar para acudir a ellos a mostrar el producto. Salvo ferias ya establecidas con un recorrido a sus espaldas, como pueden ser Mediona o Birrasana, creo que para el productor, no tiene sentido acudir a una feria en la que el público objetivo sea una cantidad de gente pequeña, o gente especializada que ya conoce el producto que se le presenta. 
Resumiendo todo lo expuesto en el post, que creo que al final ha quedado algo caótico, diré que a mi parecer, las ferias irán centralizándose poco a poco en ciudades grandes, en las que haya posibilidades de venta en el presente o en un futuro cercano, y que a ellas acudirán los productores de la zona, a los que no les suponga un gran esfuerzo el acudir, y que realmente son los que a posteriori van a vender su producto allí. En un futuro no muy lejano, creo que dejaremos de ver productores navarros en ferias extremeñas, catalanes en ferias gallegas y madrileños en ferias andaluzas. Para mostrar el producto a un gran público lejos de las fronteras de cada uno, ya empiezan a haber referentes nacionales, como por ejemplo el Barcelona Beer Festival, en el que se dan cita productores, distribuidores y clientes finales, y en los que el negocio no se hace detrás de un grifo, sino delante de ellos. Y yo creo que este es el verdadero fin que deberían tener estos eventos, el dar a conocer el producto, pero también el hacer lazos comerciales entre todas las partes interesadas del sector, ya que, al fin y al cabo, una feria o un festival, no debería ser una forma de negocio directo, sino, indirecto.